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La desacreditación de la metafísica en la poesía a favor de la jovialidad en "Montaña rusa" de Nicanor Parra

  • 16 ago 2024
  • 6 min de lectura

El poema "Montaña rusa" del libro Versos de salón (1962) de Nicanor Parra, presenta una sugestiva introspección crítica en la manera de ver la poesía de aquellos años. Este poeta reconoce que la poesía no está únicamente compuesta por voces impostadas y sentimientos nobles, sino que también tiene lugar las voces naturales expresadas por medio de la risa y la fealdad. Sin embargo, Parra "valora las producciones literarias de Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda, al mismo tiempo que al negarlas, desde una perspectiva estética, se convierte en el centro de su propio trabajo" (Nómez 25). Es por esta razón que la poesía de Nicanor Parra puede considerarse como una transgresión que compite por la legitimación cultural del campo intelectual de la poesía desde la ironía y el sarcasmo.


Ante esto, la perspectiva que se abordará durante este ensayo considera el poema Montaña rusa como una expresión que desacredita la noción metafísica a favor de una percepción más jovial y menos seria de la poesía. Pues, como bien menciona Mario Rodríguez citado por Naín Nómez, Nicanor Parra reacciona contra "la función metafísica de la poesía y el anhelo de trascendencia que la sustenta. Pero aún va más allá. El yo lírico niega cualquier posibilidad que atienda a considerar la poesía como dotada de utilidad o de dirección significativa" (en Nómez 29). Es por ello por lo que, al nombrar este poema como un juego vertiginoso de los parques de entretenciones, también le da lugar a la experiencia jovial -en el sentido de algo o alguien alegre- que se incumbe y se reconoce directamente en lo corporal y no en lo metafísico.


Con esto en mente, es oportuno mencionar que la publicación de Poemas y antipoemas genera una nueva intervención poética en la "competencia por la legitimación cultural" (Bourdieu 242) que configuran un campo intelectual en términos de una hegemonía cultural. En otras palabras, este campo intelectual en el que se desenvuelve Nicanor Parra:


constituye un sistema de líneas de fuerza: esto es, los agentes o sistemas de agentes que forman parte de él pueden describirse como fuerzas que, al surgir, se oponen o se agregan, confiriéndole su estructura específica en un momento dado del tiempo. Por otra parte, cada uno de ellos está determinado por su pertenencia a este campo: en efecto, debe a la posición particular que ocupa en él propiedades de posición irreductibles a las propiedades intrínsecas y, en particular, un tipo determinado de participación en el campo cultural (Bourdieu 241).


Por ende, Parra es consciente de lo que ya se ha escrito y lo que caracteriza al campo cultural de su época, es decir -y por nombrar solo dos poetas-, la poesía de Parra se despliega frente al Canto general de Pablo Neruda (publicada en 1950) y a la ganadora del Premio Nacional de Literatura del 1951, Gabriela Mistral. Pero, la subversión de este poeta y sus antipoemas romperán estas expresiones líricas y llevarán al lector a un vertiginoso viaje poético que, por lo menos, lo mareará de tanto subir y bajar.


En relación con el poema Montaña rusa, se puede, perfectamente, corresponder los primeros cinco versos con lo que se ha venido comentando durante este ensayo, ya que: "durante medio siglo / la poesía fue / el paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / y me instalé con mi montaña rusa" (Parra 5). Ahora bien, antes de profundizar en este poema desde los campos semánticos y sintácticos, es crucial primero mencionar que estos versos poseen una genuina referencia biográfica y cronológica, pues, el hablante lírico de este poema -a sorpresa de nadie- es el mismo Nicanor Parra, quien hace referencia, coincidentemente, al libro que publica por mediados de siglo, Poemas y antipoemas (1954). Por consiguiente, frente a este paraíso del tonto solemne, la transgresión del antipoema consiste en transformar satíricamente, por medio del sarcasmo y la ironía, los parámetros poéticos tradicionales. En otras palabras, se liga la poesía a un lenguaje cotidiano -donde montaña rusa se reconoce como un dialecto chileno- que rechaza, a su vez, el carácter tradicional que la poesía poseía; un rechazo que pretende, en este poema, bajar la poesía al juego.


En cuanto a Versos de salón (1962), se puede mencionar que este es un libro en donde la presencia del hablante lírico se caracteriza por ser un "sujeto activo y muy agresivo, delirante de energía" (Nómez 26), como se logrará detallar más adelante en el poema seleccionado. Al tener esto en cuenta, se podrá esclarecer la perspectiva que este trabajo presentó anteriormente, y es que el poema expresa la desacreditación de la noción metafísica en la poesía a favor de una perspectiva más jovial y menos seria, donde el hablante lírico se encuentra -y habría que agregar esto en este punto del ensayo- delirante de energía. Con esto presente, se podrá proseguir con facilidad la descripción de los campos semánticos y sintácticos para reafirmar la perspectiva dada.


En primer lugar, el poema comienza con la presencia de un complemento circunstancial de tiempo, "durante medio siglo", es decir, sitúa un espacio temporal que, a su vez, abre el campo semántico de un punto medio. En este caso, se señalará el cambio temporal a un nuevo hito o suceso, donde Parra se ubicará en ese punto medio entre lo tradicional y lo nuevo. Esto es reforzado con el verbo fue (pretérito perfecto simple) del verso n°2, que señala algo ya concluido en el pasado y que no tiene una relación temporal con el presente, en otras palabras, el advenimiento de un nuevo tiempo poético.


Ahora, ¿en qué consiste este advenimiento de un nuevo tiempo poético? Es en la respuesta a esta pregunta donde se presenta la perspectiva abordada en este trabajo, ya que es en los primeros cinco versos donde se encuentra este contraste entre lo metafísico y lo jovial. El paraíso mencionado en el verso n°3, abre el campo semántico de lo metafísico, en su sentido etimológico más inmediato, que es más allá de la naturaleza. Sin embargo, esto mismo también renegará su sentido filosófico (que intenta estudiar los principios fundamentales de la realidad), ya que no habrá un anhelo de trascendencia ni la intención de otorgar una dirección significativa al poema. La poesía tradicional del tonto solemne ya no tiene lugar en este nuevo tiempo poético.


Este nuevo comienzo dado por Nicanor Parra y sus antipoemas, refuerza la idea protagónica de ser punto de partida de esta nueva poética, como se logra percibir en el verso n°4: "hasta que vine yo", donde "hasta" es una preposición que señala el límite o cúlmine al que ha llegado algo, en este caso, un límite de tiempo; donde "yo" es el pronombre personal tónico de la primera persona del singular -ya no hay duda de esto-. Y es, justamente, este "yo" de Parra quien instala la montaña rusa, donde por fin, se abre el campo semántico de la experiencia inmediata; del vértigo, de la entretención y el juego; de la alegría y -preferentemente- de la jovialidad. Ante este contraste, en donde "la poesía fue... hasta que vine yo", se puede decir que este antipoema invierte a la poesía tradicional, que la precede, por una poesía satírica, sarcástica y jovial.


Una vez mencionado esto, se podrá comprender que la idea de invertir la poesía tradicional por una poesía satírica se ratifica en el contraste de paraíso y montaña rusa. Ya que el primero es imperceptible corporalmente hablando, mientras que la montaña rusa es un artificio que se percibe con los sentidos corporales -y quién mejor que Parra para comprender sobre artificios o artefactos-. Y ante el coloquialismo del verso n°6: suban, si les parece, donde "suban" es un imperativo que puede perfectamente divisarse como un mandato que se oculta ante la cortesía de "si les parece", que pretende darle algo de libertad de elección al lector -que personalmente es parte de una ilusión de este poeta, pues, la transgresión ya está hecha-. De esto, solo se reconocerá lo corpóreo.


Ante este reconocimiento de lo corpóreo, habría que preguntarse: ¿qué relación tiene esto con la perspectiva dada? Y ¿Por qué corporal? Porque cuando bajen de la montaña rusa no bajarán con la meditación de una idea, sino que botando sangre por la boca y narices, una experiencia inmediata que siente el cuerpo una vez experimentado el vertiginoso juego instalado por Parra. No hay tiempo para la meditación reflexiva y solemne -considérese este trabajo una excepción- de los versos; esto es rápido e inmediato como el juego de la montaña rusa. Sólo hay lugar para la jovialidad.


A modo de conclusión, "Montaña rusa" es un poema que transgrede satíricamente los parámetros poéticos tradicionales, donde intentará desligar la metafísica de la poesía por una propuesta poética más jovial y menos seria. Por ende, este autor aceptará en su poesía las voces más naturales y corrientes, que no son necesariamente voces impostadas y de sentimientos nobles, sino que en ellas hay lugar también para la risa, la sátira y el sarcasmo. Es por esta razón que, al vislumbrar este poema con el nombre de un juego vertiginoso de los parques de entretenciones, se perciba una intención que se aleja de lo solemne y sublime para acercarse a la experiencia más inmediata y corporal.



Diego Ávila




Bourdieu, Pierre. «Campo intelectual y proyecto creador». Problemas del estructuralismo.

México: Siglo XXI, 1967.

Nómez, Naín (ed.). Antología crítica de la poesía chilena (Tomo IV). Santiago: Lom, 2006.

Parra, Nicanor. Versos de salón. Ciudad de México: Crux, 2010.





 
 
 

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